jueves, 13 de mayo de 2010

Las Máscaras de Alicia (Parte quinta y final)




Tenía miedo, Antes de darme cuenta la noche ya había pasado. Deben haber sido horas tenebrosas, aunque no las puedo recordar bien, borrando las señales del crimen que me había hecho libre.
Sólo cuando parecía que ya estaba terminando, la sensación corpórea regresó a mí. El hambre y la sed del agotamiento de toda una noche de macabros trajines me vencieron…
¿En serio era otra persona, aquella Alicia?
¿Por qué entonces me conocía tan bien?
¿Por qué iba a preocuparse acerca de mí, hasta de la menor minucia de mis problemas emocionales?
¿Por qué…?
No,… ya no iba a preguntármelo. Ya no deseaba pensar más. No quería que nada más penetrase en mi mente. Ya era suficiente. Ya no más.
No sé si habrá sido compostura o una señal más de enloquecimiento, pero para cuando el timbre volvió a sonar yo estaba rebuscando algo entre los diferentes platos y recipientes donde habían quedado los restos de mi padre. Al parecer La Otra no se había llevado lo que fuera mi progenitor, sino la comida que éste había llevado a casa. O al menos eso quise pensar… había otra idea en mí, pero ese no era el momento.
Cuando finalmente obtuve un tazón de plástico donde estaba algo que confirmaba que eso era mi padre, el timbre insistió. Di un respingo y al abrir la puerta Emily apareció con un rostro preocupado. Una vez más caía en cuenta del tiempo que había pasado.
Me han contado de lo que ha pasado… pensé que ese hijo de puta del Andrés te había hecho algo…
…No… ¿cómo crees? Le he estado sacando su…
-hice un gesto altivo con la mano y entonces nos miramos. Mi hermana mayor, casi… Si tan sólo hubiese podido saber un poco. Tal vez ella supiera desde cuándo estaba loca-
che, mi viejo ha salido un buen rato. ¿Quieres huevear un poco?
Jajaja, con gusto. Estaba podrida en mi casa. he conseguido un libro nuevo, dice que con cierto conjuro en el piso podemos hacer que se le caiga el pelo a alguien
La rutina fue la de siempre. Ella tenía consigo un ejemplar de ese libro tan infame, el temido y a la vez respetado Baldor, a la par de que yo había sacado conmigo la tabla ouija que me había comprado la navidad pasada no recuerdo bien dónde. Teníamos la extraña idea de que si llamábamos a un espíritu para que contestase nuestras preguntas, al momento de usar el libro ése, luego le sería más fácil comunicarse por medio de la tabla.
Una tijera y algo de equilibrio…
Ella y yo reíamos. Era como en los viejos tiempos, pero, me sentía extraña, No era sólo que había visto dos muertes ya, además de que una fuera mi propio padre. Era además, saber que estaba involucrada en ambas, sin saber aún en qué nivel… mi paciencia se acabó…
Debe haber sido la tarde de un lunes,… sí, eso puedo creer…
Veía de manera casi piadosa el libro pendiente de las manos de Emily. La veía con piedad a ella. Eso no eran más que juegos de niños. Y fue recién en ese momento que comprendí lo que dijo Andrés esa noche perdida en el tiempo.
-¿Sabes qué?... Esto no son más que huevadas…
-¿Ah?
-Estos jueguitos… Tú y yo nos hacemos a las oscuras con estas cojudeces… estamos tratando de invocar espíritus por puro juego… ¿Acaso estamos tratando de sólo evitar la mierda que es nuestra vida real?
-No sé de qué me estás hablando… ¿Te ha vuelto a pegar tu viejo?
-¿A ti te han hecho caso los tuyos? ¿Te han mirado siquiera? A que en tu casa ni sabían de tu tocada del sábado…
-Tranquila… si quieres me voy nomás. No te quiero meter en problemas con tu viejo. Parece que se ha puesto peor…
-¡Peor! Ja…. Ja… ¡jajajaja! ¿No quieres dejar de jugar?
¿Quieres ver algo jodido, pero jodido…?
-Yo… ¡ey…!
-Tú nunca has sabido lo que se siente que alguien tenga todo su poder sobre ti. Alguien que en lo más profundo sólo te desprecia… ¿Sabes lo que es vivir pensando en que cada día podría reventarte a golpes por nada…? Y lo peor es que le debes respeto y deberes a esa persona… a esa piltrafa… ¡a ese montón de mierda! –Había arrastrado de la mano a mi amiga hacia la cocina y allí, mientras le gritaba señalaba hacia el refrigerador. Estaba totalmente azorada. Apenas si la veía. Tan sólo veía la oscura silueta de mi padre, los días en que me golpeaba por todo, por haber nacido.-
Toda la vida he visto que alguien sin valor, alguien ruin y despreciable como él haya tenido todo el poder. ¿Yo qué le hice? ¡¿Nacer?! ¡¿No ser cómo él?!
…Bueno… ya es tarde, pero puedo ser un poco como él, ¿sabes?... después de todo, puedo saber cómo es, de principio a fin… ¿lo quieres ver?
Abrí el refrigerador. Emily dio un respingo y empalideció. Sin embargo, el horror la plantó en su sitio, para que siguiera viendo.
-Ahora lo tengo por partes… je… mejor es que puedo ser un poco como él,… mira
Ahora yo puedo ser quien mande… jejeje… jejejeje...
Fue allí que Emily no aguantó más. No dio un solo grito, ni una exclamación. Seguro y le dí miedo…
Tan sólo salió despedida. Escuché el portazo cuando hubo huido, y yo caí de rodillas al piso, riendo quedamente aún. Quisiera dejar de recordar eso al menos. El olor de la sangre fría en mi boca. La sensación de tener a mi padre tan cerca, aún…
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La tarde siguió transcurriendo y el abrazo del crepúsculo llegó hasta mí en la misma posición de siempre. Sentada ante la nada, con la sala revuelta, sólo que algo había cambiado.
La casa estaba hecha mierda, la había limpiado, pero no recuerdo cómo se ensució otra vez…pero, estaba tranquila a pesar de todo, Por vez primera esa sensación de tranquilidad tuvo una razón de ser, era libre, ya no habrían golpizas nocturnas, no habrían reproches y además me estaba conociendo más a mi misma….
Y eso pese a que seguía manteniendo esa horrenda máscara en mi faz. Luego de un buen rato me la quité. La coloqué sobre la mesa y la contemplé un momento largo.

Levanté la vista. Aquellas palabras venían de esa figura que ya no quería volver a ver. Una capucha, un solo ojo de mirar afiebrado y una cabellera negra sobresaliendo de uno y cubriendo el otro. Una pose encorvada y una sonrisa imposible de definir.
-¿Por qué extraña? Han matado a mi padre y yo soy feliz… ¿Es por eso?
-No. Me refiero a que conserves sólo esa parte. No le veo un motivo.
-Nada que ver. Lo demás está ahí en la cocina, donde lo guardaste…
-Yo no guardé nada, pequeña Alicia. Tú eres quien se ha encargado de todo. Yo no he tenido que hacer nada.
-¡¿Quieres parar con eso ya?! Si estoy loca y sólo yo te veo… ¡mejor me dices! ¡¡No me importa el acabar loca, pero quiero saber si ya lo estoy!!

-Qué simple eres… ¿Sigues teniéndole miedo a que alguien te castigue?
-¡Claro! ¡¿No ves lo que hemos hecho?!
-Ya te lo dije. Yo no hice nada. De todo te has encargado tú…
-¡Basta! ¡¡Desaparece de una vez!! ¡¡Mi vida estaba bien sin ti!! ¡¡Desaparece, mierda!!
Hice el ademán de levantar un brazo, como si fuese a golpearla. Dios, lo habría hecho, sino hubiese tenido aún el temor de lanzar el golpe y encontrarme con que no había nada allí. Creo que fue mejor que ella resoplara y me contestara, en un tono que hizo detener no sólo mi movimiento, sino incluso los latidos de mi corazón.
-No te atrevas… ¡¿He hecho todo esto para protegerte y así me agradeces?! ¡Niña estúpida! Me he esforzado en ti y ahora resulta que no eres más que una cobarde hipócrita… ¿No acabas de entender, imbécil?
¡¡Tu viejo era un sujeto malnacido, un absoluto despojo de persona!! ¿Acaso debes preocuparte porque se haya muerto? ¿Entiendes o no que ya eres libre? ¿Para qué estás guardando esta máscara?
-Yo… yo…
-Claro, debería saberlo… olvidé por un segundo que yo soy tú, y que tú no eres nadie. A ver… ¿así te la pones? ¿Piensas que con esto hablas como tu padre? ¿Con autoridad, sin que nadie pueda contrariarte?
-…Sí… creo que es eso…
-Qué asco, te gusta usar porquerías...Puede que por un tiempo la necesites. Sólo que... hay algo que debes hacer todavía para ganarte tu libertad… debes demostrarme que la mereces…
Di unos pasos y cuando estuve cerca, me apretujó con fuerza y susurró unas palabras a mi oído. Aún después de todo lo que había ocurrido, no pude evitar horrorizarme. Obviamente ella lo notó, pues me miró, entre divertida y expectante.
-Yo… no puedo hacer eso… no… No puedes obligarme…
-De acuerdo. No puedo obligarte… Pero tú sabes que no puedo faltar a mi deber, ¿no?
-Si…
-Sabes que si alguien destrozado, sin libertad, está ante mí… yo debo liberarlo… Decide. Lo haces tú o lo hago yo.
La Otra Alicia me dio la espalda y se dirigió con paso lento hacia la puerta. Hizo un gesto enigmático cuando la traspuso, y luego, sólo quedé yo, sola, inmersa en la oscuridad, con un crepúsculo de nunca acabar, hiriéndome todavía, hiriéndome como todo el mundo lo hacía porque no quería liberarme.
Y lo peor es que sí tenía que hacerlo…
Pobre Emily… todo dependía de ella.
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Frío martes. Frío mundo, mudo también, pues nada en él me decía ya algo. Mi uniforme escolar parecía tan sólo una enseña. Un disfraz ridículo que trataba de imitar años donde aún tenía una vida. Donde todavía estaba esclavizada y sojuzgada.
Muy a lo lejos, en la entrada a mi escuela, pude ver a Emily. Su silueta imponente era como siempre lo había sido, excepto por un par de detalles. Para empezar, la clásica comitiva de amigas que la acompañaban siempre ya no estaba ahí. Para terminar, estaba la expresión que adquirió cuando me vio llegar.
Seguía ese aire de hermana mayor. Sólo que también había miedo en ella, pese a la expresión resuelta de su mirada.
-Alicia…
-Emily
-¿Qué fue lo que pasó ahí, amiga…?
-¿Dónde? ¿En mi casa?
-Claro, dónde si no…
-Muchas cosas. Necesarias, supongo…
-Creo que te entiendo. ¿Sabes? Un par de veces llegué a ver las heridas que tenías en la espalda, o que sobresalían por tu cuello.
-No hables de eso.
-¿Cómo no voy a hacerlo?.. Yo… tan sólo quiero decirte que comprendo lo que ha pasado. El mundo no es como debería. Ahora podría reprocharte muchas cosas, pero sería injusto. Terriblemente injusto.
-¿No lo vas a hacer?
-No podría. Él se lo merecía. Lo que hayas hecho, se lo merecía. Pero… ya no importa. Yo te ayudaré, hermanita... Yo te ayudaré… tenemos que limpiar eso… y de protegerte,… podemos hacerlo todavía.
Día de colegio, frio… la Emily me evitó todo el día, pero al final me hizo llegar una notita (una de sus costumbres)… su palabras con ese tono cálido, con ese cariño que siempre me había tenido, me llenaba de más miedo. ¿Cómo podría cumplir mi misión? ¿Cómo iba a liberarla a ella? Es decir, era una chica fuerte, capaz de sobrevivir a todo, capaz de ayudar a alguien como yo. ¿De qué había que librarla?
Definitivamente Emily era la mejor persona que jamás conocí. Ella me protegió en todo momento. No se separaba de mí sino hasta que era inevitable. Iba junto a mí a casa. Me proveyó de un poco de comida, y además, trató de hacer que yo olvidase las sombras de lo sucedido en esos días.
Esa misma tarde ella me acompañó a casa. Ambas, con temor, fuimos a ver lo que estaba en el refrigerador. Teníamos que deshacernos de lo que quedaba de mi padre.


El viernes , nos vimos como siempre en nuestro improvisado cubil, ella quería que yo volviera a mi vida normal… olvidarme de algunas cosas,quería que esté bien…
Tras recitar un par de salmodias de un ridículo libraco de magia negra, ambas nos cagábamos de risa, era como volver a los viejos tiempos, donde todo aún era muy negro o muy blanco…

Con soltura, con inocencia nada más, me dijo:
Y pensar que ese maricón del Andrés quería meterse con nosotras esa noche. El muy cojudo ni va a volver al colegio, parece…
-Ése imbécil… Debe haberse muerto…
-Qué jodido,… yo creo que debe estar lloriqueando en su casa porque le cambien de colegio. Es un mimado de porquería… Sus viejos son como los míos, pero con quivos…
-¿Como tus padres?
-Como mi familia en realidad… sabes que los muy tarados ni se enteran de lo que hago… a veces pienso que estaría mejor sin ellos.
-… ¿Eso crees?...
Desde que ella había nombrado a sus padres, una sensación como de cosquilleo llegó a mi cabeza, internándose muy profundamente. Creo que hizo un coro extraño con la luz pálida y fría de la luna que se levantaba lozana. Puse mis manos en mi frente y bajé la cabeza, adolorida.
-…..¿Alicia? ¿Qué te pasa?
-Nada… estoy… tan sólo pensando en algo…
-¿Te sientes mal?
Ya no respondí. Éste es el punto cuando mis recuerdos se truncan. Es ahí donde debo haber perdido finalmente a los lazos que ataban mi cordura. ¿O habrá sido antes? Ojalá alguien me pudiese decir desde cuándo estaba loca.
Y mi cabello, sacudido, cayó sobre un lado, cubriéndome un ojo. Y la luz blanquecina me convirtió en el espectro que me hizo libre, privándome de mi vida.
Entonces Emily pegó un respingo. Yo no pude reaccionar, ensimismada como estaba. Tan sólo sentí cuando el estilete se apretaba contra mi cuello.
-Ahora sí, perra… me vas a decir qué estaba ahí ese día…
La voz cascada de Andrés se oía entre cansada y dolorida. Cuánto tiempo nos habrá estado esperando en ese sitio para poder atacarme... Sentí un poco de lástima por él, escuchando su respirar pesado.
-¡Maldito cabrón! ¡¡Mejor sueltas eso o te reviento los huevos!!
-¡¡Callate puta o después vas a ver!!!
Ah, Emily, la siempre dulce Emily. También sentí lástima porque ya tenía una idea vaga de lo que debía hacer con ella.
-Emily…Mira bien a este idiota… Hace demasiado que la locura lo sumió a él también, pese a que era un inocente. Míralo… lo único que quiere es un poco de consuelo para el peso que su alma carga, pero nadie jamás va a dárselo.
Creo que la idea que su familia tiene de consuelo es un mimo sin freno. Eso, más la locura que ha anidado en él lo convertirá en un demente, capaz de hacerle daño a cualquiera… y él no tendría la culpa.
O sea, tenemos a un joven que en lugar de apoyo sólo ha encontrado supresión y condescendencia, alguien ya sin un futuro real… pero, sigue siendo un inocente. Él se merece ser libre. Hay algo que todavía se puede hacer por él. Hay una forma de ayudarlo.
¿Quieres ver cómo podemos ayudarlo? ¿Qué podemos hacer por él?

Emily ni siquiera pudo replicar. Vio todo, la trayectoria de la hoja mellada y delgada que hundí con fuerza en el cuello de Andrés. El chico se retorció con más fuerza aún, mientras la hoja cercenaba con lentitud su faringe y brotaba de nuevo por fuera. No pude evitarlo, yo era una novata,… o quizá estaba todavía recordando bien…
Emily no gritó. No me detuvo. No se movió sino cuando no pudo soportar más y su cuerpo cayó a un lado desarticulado, ya inconsciente por tanta impresión.
Mejor así. No quería explicarle lo que iba a hacerle. No era tiempo aún…
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Y…
¿Si en ese vacío creado por la oscuridad nada puede existir…
…Uno puede ser oído…?
Su mejor amiga… un recuerdo perteneciente a esa oscuridad que la rodeaba. Emily ya sabía lo que iba a pasarle… La pequeña Alicia era, más que nadie, la persona más importante del mundo para ella.
Lo único que de verdad importaba en la vida de Emily. Desde que tenía conciencia, sus padres habían sido algo así como un espejismo tras una imagen borrosa

Recordó un día, de niña, cuando un perro que pasaba de tanto en tanto por su casa la atacó sin un motivo. De poco sirvieron sus lágrimas, y la misma enseñanza de sus heridas aún sangrantes. Sus padres se limitaron a disculparse con los dueños del perro porque ella, defendiéndose le había reventado un ojo.
Y fue junto a estos recuerdos, que tomó conciencia de su posición. Conociendo a la gente que debía protegerla, supo que estaba perdida.
-… Ja… jajaja,… Y los cojudos de mis viejos ni me van a notar. Bueno, creo que al final pude hacer algo en la casa. Me decían que aportara algo, ¿No? … cabrones… nadie va a venir. La Alicia debe haber pensado que ya estaba muerta y me habrá tirado por algún lado… ella… la única persona a la que hubiese querido proteger… ella… está tan perdida como yo. Creo que lo mejor es que me muera nomás. Ja, si va a ser así, a darle prisa. Ya no queda mucho que hacer, de todas formas…
La puerta se abrió con un restallar, y una explosión de luz llenó el sitio. Allí fue que pude verla. Ella, recamada contra una de las paredes de mi casa, rodeada sólo por sombras. Sola, sin nada en el mundo, sin una sola esperanza.
¿Cómo no libertarla?
-Hay demasiado en el mundo como para que te llenes la cabeza con semejantes estupideces. Nunca estamos totalmente solos. Nunca queda nada más. ¿No has pensado en toda la dimensión de la vida que se te ofrece desde siempre? No has vivido ni siquiera un ápice y crees que has gastado todas tus posibilidades… ¿Crees que porque me he muerto ya no queda nadie en el mundo? ¿Y qué hay de ti? Si no aprendes a valorarte esa soledad te perseguirá por siempre.

Creí notar un movimiento en las sombras del depósito. Su figura se irguió con lentitud, y sin temor, sin dudar, ella se acercó a mí.
-¿Alicia? –Dijo en un susurro- ¿eres tú? ¿Dónde está el Andrés?
-Aún te preocupas por alguien que ya está libre… todavía no entiendes nada…
-¿Entender qué? Amiga, ya basta, has hecho un montón de mierda estos días… -ella caminó un poco y se sentó en el mismo lugar donde yo lo había hecho hacía demasiado- ¿A cuánta gente más has matado…?
-…Liberado… -corregí, al tiempo que le daba espacio.
-Carajo… estás loca ya, ¿no?
-¿Loca? Qué estupidez. De hecho soy la única que está cuerda aquí…
-…Perdón…
-¿Por qué? ¿Porque no pudiste salvarme de matar a mi padre? ¿Por no evitar que liberara a ese niño tarado? Tú misma dijiste que mi padre se lo merecía… y el otro se lo merecía más…
-… Ya cállate… ¿Dónde estamos?
-Éste es un espacio de vacío cuántico. Lo que ves aquí es sólo una posibilidad de lo que podría existir. Este lugar no existe, sino porque quieres que sea así… Así que tu pregunta en sí es errónea…
-… ¡¿Por lo menos has pensado en lo que nos va a pasar?! ¡¡Has matado a dos personas, una frente a mí!! ¿Qué vas a hacer ahora?
-Responderé a la única pregunta que vale la pena responder. Lo que voy a hacer ahora es simple. Voy a matarte.
Emily no me replicó con una mirada de terror. Parecía más una visión furibunda.
-¡¿Qué?! Ya estás demente… Yo no me quedó más aquí…
Aún sigo lamentando lo que tuve que hacer, pero ella no era como yo antes de entender mi misión. Ella era una mujer fuerte. Y como toda persona fuerte, se aferra a como cree que funciona el mundo. ¿Ella creía que yo sólo era una loca? ¿Qué mis palabras no tenían sentido? Vale, pero no iba a irse sin que hiciera algo más por ella.
Así fue que antes de que terminara de erguirse icé sobre mí el estilete que se había cobrado la vida de Andrés y lo clavé, sin dudar, con fuerza, en la palma de mi amiga. Ella lanzó un chillido apagado, que luego terminó en un gruñido.
-¿Viste lo que hice con mi padre, no? Mejor no intentas contradecirme porque no nos va a llevar a nada. Déjame terminar. No voy a hacerte daño. No al menos sin hacerte sentir libre.
La sangre manchaba la mesa. Ella miró la herida sangrante y ahí sí, su visión se convirtió en una imagen rabiosa. Apretaba los dientes hasta hacerlos chirriar. No iba a permitirse una sola lágrima. No una sola exclamación de dolor.
-Ahora vamos a hacer algo, algo muy importante. Sólo cuando haya cumplido esa labor te explicaré los pormenores de tu muerte. Toma esto y para ese sangrado. Vengo en un momento.
La bolsa que contenía los huesos de Andrés no era ni muy grande ni muy pesada. No representó mucho esfuerzo salir hasta el exterior del bosquecillo en penumbras con ella. Lo único difícil fue lograr que Emily me acompañase sin presentar problemas. Aún resoplaba por el dolor, pese a que se había aplicado un torniquete y su sangrado no era tan preocupante. Creo que lo único que la contuvo conmigo era el sempiterno ambiente lúgubre de los arboles sumergidos en sombras.
Luego de un rato la luz escapada de la ciudad delineó unas siluetas vagamente. Ella las reconoció casi al momento. No cabían dudas. Ella era más lista que yo cuando me las mostré a mí misma antes. Por eso mismo ella intuyó que llevaba esos hueso a ese sitio.
-¿Por lo menos vas a enterrarlo entonces?,… Todavía no estás hecha un animal. ¿Y qué hiciste con el resto?
-Tan sólo lo he aprovechado... No puedo dejar que la cáscara de un inocente se desperdicie. Así además, su alma descansará de manera más pacífica. La carne se pudre, se corroe y lo que queda de ella es ruin, imposible de llamar espiritual. Piensa en esto. En los huesos. Ellos son diferentes. Su estructura se convierte en una blanca elegía de lo que un día sostuvieron. Son puros, en esencia. Son lo único que merece descansar en paz.
Mientras hablaba hacía una cavidad en la tierra. Aunque no la veía sabía que ella me escuchaba. Lo sabía porque yo también me había escuchado a mí misma, en algún momento, antes de que fuese libre.
-Ya está. Espero que hayas entendido mis palabras. Es esencial porque sino no podrías comprender lo que tengo que hacer. Lo que tienes que hacer por mí…
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-Mirá a esta tarada… ¿dónde te has hecho eso ahora?
-Eso te pasa por estar en esas tonterías. Seguro los de tu pandilla te han hecho eso…
-Mirala a la Emily…. Se va a hacer putear.
-Cojuda… ¿qué nomás te habrás hecho?

No hacía falta una explicación. La chica tan sólo evitó la presencia de esa familia que estaba a su alrededor. Compartió con ellos esa comida frugal, repasando silenciosamente las enseñanzas que hubiese recibido. El asunto era que mis palabras eran como las lecciones importantes. Sólo se las entiende a cabalidad cuando se piensa mucho tiempo en ellas.
Debe haber sido muy duro para ella. Tuvo menos tiempo para aprender que yo. Pero, era necesario, sino alguien más la librearía… no, eso no podía permitirlo…
Sí, ha de haber sido muy duro, el ir contemplando sólo en reflexión; el poco o nulo valor que la vida circular, la vida en la que estábamos encerrados todos, tenía al fin y al cabo… El poco valor que tendría el haber nacido en esa familia.

-Tienes que hacerlo por mí, ¿está bien? Recuerda siempre que yo te quiero.
Sólo debes hacer algo. Será mañana por la mañana que yo te busque. Será temprano, muy temprano. Para entonces tienes que decirme una simple cosa. Tienes el derecho de llevarte a alguien contigo. Tan sólo piénsalo en tus sueños. Alguien más morirá mañana, junto a ti, sólo hace falta que me digas quién va a ser.
Emily, recostada mirando hacia la nada, pensaba en la pesadilla en la que estaba inmersa. En la infinita soledad de su vida. Esa chica que le había encomendado esa macabra misión no era ya Alicia. Ya no quedaba nadie más. Nadie en el mundo. Era el momento ideal para morir, pero sentía que no podía hacerlo en paz. Por vez última había sentido el desprecio de su familia. Por última vez se había sentido apartada en el extremo, ignorada y apenas si reprochada. Sintió una sorda recriminación hacia lo que le quedaba de mundo. Porque… después de todo, ya sin Alicia sólo estaba su familia y ya nada más.
“-¿Cómo no voy a hacerlo?.. Yo… tan sólo quiero decirte que comprendo lo que ha pasado. El mundo no es como debería. Ahora podría reprocharte muchas cosas, pero sería injusto. Terriblemente injusto.
-¿No lo vas a hacer?
-No podría. Él se lo merecía. Lo que hayas hecho, se lo merecía.”

Ellos se lo merecían. Su soledad iba a permanecer en su muerte también. Entonces, ¿Por qué no hacer una pequeña muestra de justicia?
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Cuando Emily abrió los ojos, yo ya estaba allí. No se sobresaltó. Sabía que iba a estar allí.
-¿Ya lo sabes?
-Sí. Vas a tener que ayudarme. Son varios.
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Los padres de Emily murieron rápido. Ella les tapó la boca con celeridad y yo tan sólo clavé un punzón afilado en sus sienes. Rápido, indoloro. Frío.
Pensé que se detendría cuando proseguimos con sus hermanos, pero por lo visto tenía sus objetivos bien en claro.
-¿No consideraste a tu hermano menor? –le pregunté, cuando abría la última bolsa donde dejar los huesos.- Digo, era un niño…
-¿Y qué? Sin mí allí no iba a tardar en quedar infecto con la influencia de mis padres. No quiero que alguien más aparezca en el mundo creyendo que lo único que importa es tener dinero y una casa.
-Has entendido mucho, Emily. Sabía que podía confiar en ti.
Una sonrisa. Una extraña quizá de comprensión, no lo sé… lo único cierto era que esa sonrisa emanaba una tranquilidad que se me hizo muy familiar.
-Vamos. Hay que llevarlos a un lugar donde tengan paz.

La mañana siempre ha tenido una apariencia mística para mí. Quizá por ello reaccionaba en imágenes así, aquellos días cuando estaba cobrando conciencia. Nada más adecuado, para un momento cuando la persona más importante para mí abría los ojos. El enterramiento fue grácil, casi cariñoso. Nunca podría decir que Emily había odiado a sus padres. Tan sólo hizo un acto de justicia, uno necesario. Como yo.

Después de un rato, el silencio nos rodeó. Un poco de viento ondeó, agitando su cabellera. Me hundí en la capucha que cubría mi cabeza.
-¿Y bien? –Preguntó ella, sin voltear a mirarme.- Supongo que ha llegado el momento para mí. Vamos, date prisa…
Esa imagen, la conservaré por siempre. Creo que jamás había querido o querré tanto como a ella. La chica fuerte que siempre me protegió, mi hermana mayor, la que quiso salvarme siempre. Era libre, como yo. Estaba hecho.
-Ya eres libre, Emily. No hace falta tomar tu vida. Tan sólo tenemos que continuar…
Recién entonces sus ojos oscuros se dirigieron a mí de nuevo. Una sonrisa, una sonrisa llena de paz, de una serenidad que sólo la tienen aquellos que se han librado de la esclavitud de la vida, podían dirigir.

-Bien entonces. ¿Qué hacemos ahora?






FiN

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